hay una cebra
suelta en la plaza

de ojos negros enemigos, de crin pura y salvaje
de espíritu colérico, rechina los dientes
cuando galopa
en los alrededores,
no para de dar vueltas, una y otra vez
y yo que no puedo parar de mirarla
extiendo la mano,
me apartan
me aparto,
la miro sentada desde el banco
y pienso que tocarla debe ser
parecido al filo de una navaja.
de pronto para
de galopar
no le sienta bien parecer mansa
me acerco y trepo a su lomo
se me cierran los ojos
espíritu de cebra
que me posee
me tira de la muñecas, galopa, me arrastra
por todos los rincones
por los senderos de piedras naranjas
nos alejamos
nos sumergimos
en la niebla
y el viento corre a nuestra par
pero le llevamos ventaja.
-será esto la libertad?-
ya no veo los contornos, ni las figuras
y todos los colores se funden
en un temblar de mis piernas.
me sorprende un tintineo de campanas
primero lejos
después mas cerca
cada vez mas fuerte
yo extiendo las manos.
Re-petitivas provocadoras
suenan tan rápido, y tan alto
que me esta enloqueciendo
lo siento atrás del oído
hace eco en toda la plaza
esta tan cerca
tan
tan
abro los ojos
abro la mano
tengo la sortija.
10/2006

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